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(Por Bernardo Caamal Itzá, corresponsal de Prensa Indígena)

 
Peto, Yuc., 8 de abril.- Historia de una madre que lucha para ver de nuevo a su hija. “Mamá estás en la casa” escuchó entre sollozos -al recibir una misteriosa llamada telefónica- una ama de casa de esta villa, según ella coincidió con la voz de su hija que en esos momentos viajaba de Mérida a Peto.
¡Me agarraron unos señores mamá! Se escuchó entre llantos.
 
-Pero hija ¿Qué tienes?
Nuevamente la voz de su hija “Te voy a pasar el señor, quiere hablar contigo”.
¡Tengo a tu hija señora! La agarramos por equivocación. Lo hecho, hecho está ¿Cuánto está dispuesta a pagar por ella?  Solo recuerde si no coopera, la vamos a violar, despedazar y la tiramos en algún rincón baldío de la ciudad de Mérida” dijo entre insultos esa persona que se identificó como parte de los integrantes de los Z.
-Mi corazón latía con fuerza, mis ojos se llenaron de lágrimas. No daba crédito a lo que pasaba. Sentí que el mundo se desamoraba ante mí ¿Donde voy a agarrar tanto dinero? Si con lo que gano en la venta de mis panuchos y salbutes me alcanza para mal vivir, compartió aun llorando nuestra entrevistada.
-Hija, mi pobre hija por qué tiene que pasarle a ella Dios mío – al recordar esos momentos que vivió la mañana del sábado 5 de abril.
“Los insultos de aquel sujeto que me hablaba por teléfono, me volvieron a la realidad, recordó.
-¿Cuánto está dispuesto a pagar por su hija?

Foto 2: Muchas calles de Peto lucen de esta forma.
-No tengo dinero señor, solo vendo salbutes y empanadas, y de los ahorros que tengo a la mano... como 150 pesos -  y el señor le dijo entre insultos- ¡Y sus alhajas señora! ¡Las alhajas!
“Señor no tengo nada, dinero en efectivo no tengo vivo al día”
-¿Quiere realmente a que su hija viva? Para que le sigamos hablando vaya a depositarme en crédito, esos 150 pesos para hablar... heeee, cuidado que le digas esto a la gente y fue cuando me pasó su número. Es más deja descolgado el teléfono, cuando regreses hablamos, dijo esa voz masculina.
-A pesar de los dolores que tengo en las piernas y que me impedían  caminar, pasó misteriosamente. Abordé un triciclo, pero como el pobre señor iba despacio le pagué y tomé un triximoto,.
Mi idea es buscar la próxima tienda que me haga la transferencia de crédito y de ahí llegue a una sucursal de Súper Wilis.
-¡Muchacho! Por favor me puedes hacer una transferencia de 150 pesos para el celular de una persona y que sea de UNIFON –pregunto- y en esos instantes sentía que la angustia y la desesperación me invadía, mi boca estaba amarga y reseca.
-Claro señora, pero el problema es que cayó el sistema, pero déjenme checarlo de nuevo, le dijo aquel joven.
“Dios mío no me abandones, te necesito, es por mi hija, que no le pase nada, dame otra oportunidad de verla”, rezaba en mi interior.
De tal forma que nuestra entrevistada por fin pudo transferir los 150 pesos y de ahí de nuevo regresó a su casa para intentar hablar con los captores de su hija; en realidad esta lamentable situación que vivió, coincidió que ese día, porque se había puesto de acuerdo con su hija para que viajara a Peto.

Foto 3: Pésimos servicios públicos.
Y por ese motivo fue al local de los taxistas que dan servicio a Mérida para hacer el pago correspondiente para facilitarle el viaje ya que son días en que no es fácil viajar a esta villa debido a tanta gente que regresa a sus casas por ser fin de semana, por ese motivo al recibir el telefonazo, pensó que era el chofer del taxi que le negaba el servicio de su hija.
Luego, cuando intento localizarla por vía celular, pues la llamada no pasaba y la enviaba directo al buzón, y todo eso generó un ambiente que fue aprovechada por los extorsionadores.
“Como tengo al niño en mi brazos y con el ruido de la gente, me impidió escuchar que mi madre me hablara, solo me di cuenta con tantas llamadas pérdidas en el celular cuando estaba por llegar a Peto”, señaló la hija que según los “Z” la habían secuestrado.
Fue en ese lapso de tiempo en que nuestra entrevistada buscó el apoyo de su familia, y algunos fueron a la central de taxis para pedir información en referencia si la chica viajaba en uno de sus vehículos.
Aunque la que daba el servicio dijo que le tenían prohibido llamar a los choferes, señalando que su llamada podía ocasionar accidentes, pero al final accedió e hizo aquella llamada y  fue cuando supieron que dicha pasajera iba a bordo con rumbo a Peto, y no estaba en manos de los “Z”
Asimismo otros parientes rastrearon aquel número del teléfono por internet, y les quedó claro que proviene del DF y hay reportes de que es usado por esta banda de criminales que rompen la paz y roban la alegría de comunidades donde no hay empleos y solo reina la miseria.

Foto 4: Iglesia principal de Peto.
La información de que no había tal secuestro, trajo cierta tranquilidad a la familia, pero los nervios ya había hecho presa de nuestra entrevistada – aunque había pasado algunos días de este suceso-  ella al relatarnos su experiencia aunque su nombre permanezca en el anonimato, pero desea que no le suceda este tipo de cosas a otras mujeres de la región.
Cuanto es el amor de una madre a su hija, esta experiencia muestra la valía de una madre y de lo que es capaz de hacer para ver de nuevo con vida a los suyos..•