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(Por Rossen Djagalov)

 

SinPermiso, 30 de marzo.- Escribir en medio de una crisis es siempre peligroso. Análisis, predicciones, recomendaciones puede resultar totalmente erróneos en cuestión de días.
Y escribo estas líneas en calidad de principal autor de una declaración editorial de la plataforma “LeftEast” [1] que, además de causar una seria controversia dentro de nuestro consejo editorial, se equivocó espectacularmente en sus optimistas predicciones sobre las consecuencias de esta “Segunda Revolución Naranja”.
Un movimiento de masas anti-autoritario que ha sustituido, espectacularmente, un sector de las élites por otro, sin afectar para nada la naturaleza oligopólica de la sociedad y de la economía en Ucrania, pero que proporcionará un espacio de actuación mejor para la izquierda que las luchas Euromaidan (el movimiento pro-UE en la plaza Maidan, ndt), que la habían dividido y desmoralizado.
 
Una semana después de aquella declaración, las tropas rusas, con uniformes sin distintivos, ocupaban objetivos estratégicos en la península de Crimea, alentando las tendencias secesionistas pro-rusas del Este y Sur de Ucrania.
La noticia de la invasión me llegó el 28 de febrero con un artículo de “Colta.ru” audazmente titulado "La sombra de una Tercera Guerra Mundial". [2] Recuerdo que primero trate de desechar esa idea en mi cabeza como algo imposible, otro ejemplo de demshiza histérica (una agresiva melancolía neo-estalinismo, ndt), antes de leer la confirmación en otros lugares.
Por cierto, sigo sin creer que nadie quiera una guerra y mucho menos una Tercera Guerra Mundial, pero una vez que se ponen en marcha este tipo de mecanismos, pueden adquirir una lógica propia y ningún tipo de ansiedad o de protesta puede entonces ser tildado de histeria.
Habiendo así establecido mi escasa fiabilidad como observador, permítaseme hacer lo mismo con otras gentes, lo que es siempre un ejercicio más divertido.
Cuando se esta en medio de un proceso histórico dinámico no es, desde luego, el momento ideal para sacar conclusiones, pero el momento idóneo podría no llegar nunca, así que lo intentaré a pesar de todo.
En las batallas discursivas desatadas en el Euromaidan, se expresaron muchas opiniones, incluyendo algunas que probablemente avergonzarán a sus autores en el futuro.
Algunos eslavistas occidentales han sido particularmente activos en el frente ucraniano y han establecido, a veces, alianzas implícitas con algunos de los protagonistas menos presentables del conflicto.
Dado que este es un grupo (me refiero al de los eslavistas occidentales) con el que me une alguna relación, serán los protagonistas de este artículo. Pocos han producido una respuesta más sistemática a la crisis de Ucrania que Timothy Snyder.
El renombrado historiador de Europa Central, ha escrito extensamente sobre Ucrania. El más reciente y conocido es su libro Tierras de Sangre : Europa entre Hitler y Stalin (2010), donde nos ofrece un relato sobre la dinámica que acabó con la muerte de 14 millones de civiles en el territorio de la actual Ucrania, Bielorrusia, Polonia y los Estados bálticos entre 1933 y 1945.
A juzgar por los prolíficos comentarios en facebook, la serie de artículos que publicó sobre Euromaidan, en el New York Review of Books, ha tenido una acogida mucho menos favorable. Una rígida visión moralista recorre sus textos.
Según se desprende de "El fascismo, Rusia y Ucrania", habría dos fuerzas luchando en Ucrania: la Unión Europea y la Unión Euroasiática, la primera [3]: “Basada en los principios de igualdad y democracia de los Estados miembros, el Estado de Derecho y los derechos humanos.
Por el contrario, [la Unión Euroasiática ] es una organización jerárquica que, por su naturaleza, parece poco propensa a admitir miembros con democracia, estado de derecho y derechos humanos. Cualquier democracia dentro de la Unión Euroasiática podría representar una amenaza para el gobierno de Putin en Rusia.
Pero Putin quiere a Ucrania dentro de su Unión Euroasiática y para ello Ucrania debe tener un régimen autoritario, lo que significa que Maidan debe ser aplastado".
Tras la ocupación de facto de Crimea, es mucho más fácil ver a la actual Rusia como el villano de la historia, pero no se necesita ser griego, irlandés, o un izquierdista militante anti-austeridad para sorprenderse con esta caracterización tan entusiasta de la benevolencia de la UE.
La idea de civilización que subyace en estos pasajes es producto de la confusión de Snyder al considerar que el "Eurasianismo" de Alexander Dugin es la ideología de la Unión Aduanera Euroasiática.
Una especie de Samuel Huntington ruso, pero con un estilo y una personalidad más coloridas, Duguin es mucho más popular entre los eslavistas occidentales que en Rusia y tiene poco que ver con la construcción de la Unión Aduanera que, sólo accidentalmente, tiene el mismo nombre que su bastante marginal pero, sin embargo, espectacular movimiento.
Por otra parte, afirmar que "Rusia" propone "una idea alternativa de lo que la civilización europea debería ser", como Snyder hace en una reciente entrevista en Democracy Now [4].
Una visión que rechaza el laicismo "occidental" y el respeto a los derechos de los homosexuales y de las minorías, es confundir el giro conservador coyuntural del tercer mandato de Putin, con algo mas grande, como la Idea de la Historia universal [5].
Además de asignar geopolíticamente Ucrania a "Occidente", el otro problema importante en los escritos de Snyder han sido sus esfuerzos para minimizar el papel de los grupos de extrema derecha en Euromaidan. El Partido Svoboda y el Sector de Derecha eran minorías, indiscutiblemente, dentro del movimiento más amplio.
Sin embargo, constituían las fuerzas de combate más experimentadas y activas de Maidan en los enfrentamientos con la policía (muchos de ellos eran, después de todo, ultras del fútbol) [6].
Si hubieran sido insignificantes, no hubieran sido recompensados con cargos importantes dentro de los apparati estatales y de seguridad (lo que resultará un poco embarazoso cuando haya que lidiar con los socios occidentales).
Mientras que apenas hay constancia de que atacasen específicamente a los no ucranianos durante el Maidan, han golpeado a un gran número de izquierdistas y activistas sindicales, han saqueado las oficinas de las organizaciones de izquierda como Borotba de Kiev y han protagonizado una buena parte de la violencia callejera en Kiev y Ucrania Occidental.
La estrategia de Snyder consiste en presentarlos como una de las múltiples fracciones de la nación ucraniana.
Es verdad que en su relato de los acontecimientos nos enteramos que hay ultra-derechistas, pero que la revolución fue iniciada por un afgano musulmán, el periodista Mustafa Nayem.
Que activistas LGBT establecieron una línea de teléfono de emergencia, que las feministas organizaron un hospital de campaña y que las comunidades tártaras y judías de Ucrania han jugado un papel prominente.
(Por cierto, citas contradictorias de distintos representantes de la comunidad judía de Ucrania han sido ampliamente utilizadas a favor y en contra por ambos bandos del Maidan).
Ese enfoque, tipo mosaico, ha sido adoptado también en una declaración de una serie de distinguidos estudiosos de Ucrania, tanto ucranianos como occidentales, para protestar por la excesiva prominencia otorgada a los radicales de derecha en los informes de la prensa internacional [7]. Aunque lo expresaba con precisión académica perfecta, hacia un torturado llamamiento a:
"Los comentaristas occidentales para que muestren su empatía con un estado-nación muy joven, no consolidado y bajo una seria amenaza extranjera.
La frágil situación en la que todavía se encuentra la nación ucraniana y las enormes complicaciones cotidianas en una sociedad en transición, dan pábulo a gran variedad de opiniones, comportamientos y discursos dispares, destructivos y contradictorios.
Apoyar el fundamentalismo, el etnocentrismo o el ultranacionalismo a veces puede tener más que ver con la confusión permanente y la ansiedad diaria de las personas que viven en esas condiciones que con sus creencias más profundas".
Pero estos llamamientos también sirven para el propósito más práctico de proporcionar cobertura política a la extrema derecha y ofrecen un pobre consuelo a las víctimas de su violencia.
Aunque los firmantes de la petición dicen ser "conscientes de los problemas, los peligros y las posibles consecuencias de la participación de algunos grupos de extrema derecha en las protestas de Ucrania" y "crítican las actividades de la extrema derecha en el EuroMaidan", nunca sugieren la posibilidad de romper con esa extrema derecha [8].
Si de verdad hubiesen sido tan críticos con la extrema derecha en el EuroMaidan como declaran, esta crítica no hubiese sido tan sutil que la hace invisible [9].
La principal advertencia de esa declaración, sin embargo, sobre la sustitución metonímica del conjunto del movimiento por los sectores de derechas del mismo y el riesgo de amplificar así la propaganda oficial rusa, es bien recibida.
Se puede criticar al movimiento Maidan en su conjunto por la ingenua eurofilia con la que comenzó [10], por la ya realizada profecía de que iba a terminar llevando al poder fuerzas, políticos y políticas desacreditados [11] y por muchas cosas más, pero no por defender en su mayoría consignas "fascistas", como se ha hecho en una serie de textos anti-Maidan [12].
No sólo es falso, sino que también resulta profundamente ofensivo para la mayoría de los que se unieron al movimiento, con riesgos no precisamente pequeños para sí mismos, y para quienes demostraron ejemplos casi milagrosos de auto-organización y una gran valentía en sus enfrentamientos con la policía.
Por lo tanto, cualquier análisis honesto del papel de la extrema derecha en el Maidan, primero debe contextualizarse en el marco de la gran amplitud del movimiento. Además, lo que da credibilidad al antifascismo es ser coherente en lugar de selectivo.
Si se condena a la extrema derecha alineada con el Euromaidan, también hay que condenar a muchos de los activistas pro-rusos de extrema derecha en el Este y Sur de Ucrania y viceversa, por supuesto.
Estos últimos, a menudo, están armados con los mismos puños y tubos de hierro y la misma intolerancia del Otro que ha sido el sello distintivo del pro-Maidan, ‘Martillo Blanco’.
A veces, incluso lucen las mismas insignias y esvásticas, como Gubarev, el samozvanets ("impostor" referencia a los "falsos zares") que subió y cayó meteóricamente en Donetsk como el gobernador "del pueblo", que resultó ser un ex miembro de la organización radical de derechas Unidad Nacional Rusa [13] .
Estos hechos están conspicuamente ausentes de la propaganda pro-Kremlin, cuya recién construida versión de la "lucha contra el fascismo", plantea un grave peligro para cualquier persona que se identifique con la política anti-fascista.
No podemos olvidar que este "antifascismo" ruso oficial se transmite por los mismos medios de comunicación y por alguno de los mismos políticos que tras el progroma de Biruliovo del pasado mes de octubre en Moscú [14], llevaron a cabo la cruzada anti-inmigrante.
Y exigieron la construcción de campos de deportación y otras medidas "duras" contra los "ilegales" procedentes del Cáucaso y Asia Central. Agitando el peligro de fantasmagóricos camiones cargados de banderistas (seguidores del líder fascista Stefan Bandera, ndt) armados que se dirigirían hacia el Este de Ucrania.
 Esta nueva "lucha contra el fascismo", destinada a dar cobertura moral a Rusia en Ucrania, exige que el distanciamiento de la propaganda oficial rusa sea un prefacio obligatorio de cualquier crítica del nacionalismo ucraniano.
Otra consecuencia del "antifascismo de estado" ruso es que, a menos que un comentarista de Ucrania busque deliberadamente desacreditarse, nunca debe respaldar sus afirmaciones con los video-clips o noticias procedentes de Russia Today u otras fuentes de información que pueden ser rastreadas, en última instancia, hasta los tecnólogos políticos de la Administración Presidencial.
Estos últimos han generado tantas noticias falsas que se han creado webs específicas dedicados a la comprobación de los hechos alegados, para luchar contra ellas [15].
Como consecuencia de que muchos de los estudiosos de la extrema derecha ucraniana mencionados anteriormente hayan suspendido sus actividades profesionales y dejado de lado sus posiciones críticas en favor de la participación plena en uno de los bandos (por lo general pro-Maidan)…
Han escaseado buenos estudios sociológico y etnográfícos sobre la participación de la extrema derecha en el Maidan y en el anti-Maidan y no existen registros fiables de la violencia que han perpetrado [16].
A modo de modesta propuesta, podríamos empezar, en primer lugar, por reducir el uso prolífico de apelativos como "fascista" o "nazi", porque son, técnicamente hablando, fenómenos del período de los años 1920-40, a pesar de algunas ideologías trans-históricas y, en segundo lugar, debido a que el uso prolífico de esas etiquetas, sin la compañía de cualquier acción, las vacía de significado.
Además de lo expuesto sobre la extrema derecha, se ha producido otra línea de crítica al Euromaidan, como un ejemplo del intervencionismo occidental, que aunque muy real y necesaria, se ha acercado peligrosamente, en muchas ocasiones, a la defensa de la política exterior rusa.
Entre los eslavistas occidentales, este riesgo queda bien ilustrado por Stephen Cohen, un erudito cuya investigación de las alternativas perdidas en la historia soviética ha sido muy importante para mí.
Cohen acierta, por supuesto, en su crítica de la cobertura de "guerra fría" de los medios de comunicación estadounidenses sobre Rusia y Europa del Este y en su obsesión por la figura de Putin [17]. A los medios de comunicación les gustan los héroes y los villanos.
Pero si el problema es una sola persona, a continuación la solución obvia es su eliminación. Sustituir a Putin por otra persona, sin embargo, no resolvería los problemas estructurales del capitalismo periférico a los que Rusia se enfrenta.
Sin embargo, la ampliación de Cohen de esta crítica a una defensa, a fondo, del derecho de Rusia a su propia esfera de influencia, que por supuesto incluye a Ucrania, difícilmente puede ser apreciada por la mayoría de aquellos que resulta que han nacido en esa esfera de influencia y que tienen diferentes visiones para su sociedad que la mera alineación con la política exterior rusa.
Esta visión representa la imagen inversa de la de Snyder, que defiende en paralelo el encaje "natural" de Ucrania en la UE. Demasiado centrados en la política exterior de EE.UU. y los debates políticos nacionales y demasiado poco en sintonía con los acontecimientos reales en Ucrania.
Los escritos de Cohen no tienen en cuenta el hecho de que el imperialismo y la dominación extranjera, en general, no son un monopolio de los EE.UU., la OTAN, o la UE [18] y puede ser también practicado por otras potencias, como estamos presenciando en Crimea en estos momentos.
Además, no están pensados para una audiencia de Europa del Este y es probable que esta los acoja con simpatía. Un argumento mucho más convincente en contra de la expansión de la OTAN en Europa del Este - una preocupación esencial de Cohen.
En aras a una mayor divulgación de sus argumentos en este sentido, que yo comparto plenamente y que podrían ser escuchados por los europeos del Este-, sería señalar su naturaleza básicamente antidemocrática.
No se trata de idealizar los referéndums -que son fácilmente manipulables, tanto en la formulación de la pregunta como por la manipulación de los medios de comunicación, como vemos en Crimea en estos momentos-, pero debemos exigir que cualquier tipo de expansión de la OTAN sea sometida caso a caso a votación.
Lo que encontraría el rechazo de muchas de las poblaciones a las que se ofrecen esos "servicios de protección". Todas las encuestas de opinión que he visto sobre la OTAN en Bulgaria, país del que soy ciudadano, indica la existencia de una significativa mayoría contraria a la integración en la organización, razón por la cual ese referéndum no se ha realizado nunca.
Es perfectamente posible, por supuesto, que la intervención de Rusia en Ucrania haga mucho mas popular ahora la causa de la adhesión a la OTAN.
Resistirse a la dominación y al intervencionismo de las grandes potencias, ya sean occidentales o rusa y la lucha contra la extrema derecha, ya sea nacionalista ucraniana o nacionalista rusa, constituyen el punto de partida de cualquier política democrática en la Ucrania actual.
No todas las amenazas son, por supuesto, de iguales dimensiones y es imprescindible discernir entre ellas, aunque sea difícil, así como establecer las prioridades, en última instancia. Para poder tener éxito son necesarias, en la mayoría de los casos, coaliciones amplias y compromisos.
Tales consideraciones estratégicas van más allá del alcance de este escrito. Lo que he tratado de hacer es establecer un cierto mínimo de decencia académica.
Es decir, que ninguna de estas fuerzas, y en especial las de la extrema derecha y el imperialismo de cualquier lado, jamás deben considerarse como un posible aliado, ni ser tratadas con tolerancia, comprensión o moderación.
Por último , para que este texto no se considere un llamamiento a favor de una objetividad y neutralidad académica weberianas: el momento es crítico y debe tomarse partido.
(Yo también he tomado partido, a pesar de que la palabra "partido" puede que no sea la descripción más precisa para la izquierda ucraniana, tan dividida internamente y marginal que ha sido incapaz de formar un polo independiente de los principales antagonistas del momento).
Es inevitable que los académicos que se involucran en la realidad incurran en errores. Porque la única manera de no caer en ellos y seguir siendo perfecto es no decir ni hacer nada. Sobre todo ahora, a raíz de la ocupación de facto de Crimea por Rusia, reclamar un cierto mínimo de higiene política y honestidad académica es una necesidad urgente.
«»Notas:
(1) http://www.criticatac.ro/lefteast/ukraine-and-the-western-slavists/#_ftnref1
(2) http://www.colta.ru/articles/society/2242
(3) http://www.nybooks.com/articles/archives/2014/mar/20/fascism-russia-and-ukraine/ 
(4) http://www.democracynow.org/shows/2014/3/3
(5) Este tipo de pensamiento civilizatorio tiene su origen en fuentes de las que uno hubiera esperado algo mejor. Por ejemplo ver Slawomir Sierakowski, “Has the West Already Lost Ukraine.” New York Times (Feb. 26, 2014):
http://www.nytimes.com/2014/02/26/opinion/has-the-west-already-lost-ukraine.html
(6) http://reporter.vesti.ua/41419-shag-vpravo
(7) https://www.change.org/ru/%D0%BF%D0%B5%D1%82%D0%B8%D1%86%D0%B8%D0%B8/to-journalistscommentators-and-analysts-writing-on-the-ukrainian-protest-movement-euromaidan-kyiv-s-euromaidan-is-aliberationist-and-not-extremist-mass-action-of-civic-disobedience
(8) http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/feb/07/ukrainian-protesters-break-with-far-right
(9) Ha habido toda una serie de peticiones y declaraciones que mal interpretan la naturaleza del Maidan y sus perspectivas. Por ejemplo, la publicada en The Guardian el 3 de enero de 2014, firmada por un amplio abanico de intelectuales americanos y europeos, desde Anne Applebaum a Slavoj Žižek:
http://www.theguardian.com/world/2014/jan/03/support-ukrainians-build-fairer-europe
(10) http://www.criticatac.ro/lefteast/ukraine-eu-dependency/
(11) http://www.criticatac.ro/lefteast/ukraine-has-not-experienced-a-genuine-revolution-merely-a-change-of-elites/
(12) https://www.wsws.org/en/articles/2014/03/06/pers-m06.html
(13) http://khpg.org/index.php?id=1394442656
(14) http://www.criticatac.ro/lefteast/moscows-anti-immigrant-pogrom-and-the-economics-of-racism/
(15) http://lenta.ru/articles/2014/03/07/stopfake/
(16) Como un ejemplo de la transformación de académicos en activistas acríticos, ver la declaración de Anton Shekhovtsov, uno de los principales académicos sobre la extrema derecha ucraniana: “Creo que todos los que no han apoyado decididamente Euromaidan son unos traidores y basura":
https://www.facebook.com/anton.shekhovtsov/posts/10201838240573490
(17) http://www.thenation.com/article/178344/distorting-russia
(18) http://www.criticatac.ro/lefteast/bringing-class-response-to-poenaru/
*Rossen Djagalov es profesor de literatura comparada en la Universidad de Koç, Estambul, ymiembro del colectivo que edita la página web Left East.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lola Rivera.
Sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores.
http://www.criticatac.ro/lefteast/ukraine-and-the-western-slavists/#_ftnref1
http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/6ucrania.pdf