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(Por Eusebio Vázquez Navarro, corresponsal de Prensa indígena)

Torreón, Coah., 17 de marzo- Mi primer artículo se publicó el 21 de marzo de 1967. Se trató de la biografía de don Juan de la Cruz Borrego. Y a la fecha, he publicado alrededor de 122, 835 trabajos.
Como ya algunos de los lectores han de saber o lo pudieran adivinar, yo me gradué como profesor de educación primaria en la escuela Normal Rural Rafael Ramírez de Santa Teresa, Coahuila,  en la tercera generación que concluyó sus estudios el 20 de junio de 1964.
 
Me tocó fundar una escuelita –un salón largo en el que atendía al primero y segundo grados- en el poblado El Carrizo, municipio de Guanaceví, Durango,  y del año de 1965 al de 1971 cursé los estudios de la especialidad de Lengua y Literatura Españolas en la escuela Normal Superior de Monterrey, Nuevo León.
Con un cambio de adscripción, en los primeros días de octubre de 1965 llegué a la escuela primaria del ejido San Luis, municipio de Viesca, Coahuila y en septiembre de 1966, me concedieron cambio a la tercera zona escolar.
Laborando en la escuela primaria Juan de la Cruz Borrego de Congregación Hidalgo, Coahuila, institución que funcionaba bajo la dirección de mi bien recordado director, el profesor Jesús Muñoz Aguilar, quien me asignó el Tercer grado sección A.
En el programa escolar vigente se especificaba que “los alumnos conozcan los datos biográficos del personaje cuyo nombre lleva la escuela” y yo conocía el nombre de don Juan de la Cruz Borrego de oídas.
Porque cuando cursaba la educación secundaria en Matamoros de Laguna, Coahuila, nos llevaban cada 21 de marzo en un camión de redilas a la Cueva del Tabaco a hacer bola, con motivo de la ceremonia de aniversario del natalicio de don Benito Juárez, Benemérito de las Américas.
Estaba adscrito a la escuela Juan de la Cruz Borrego el señor Luis Treviño Alzalde (que en paz descanse) con una plaza de intendente, labor que no desempeñaba porque le habían concedido el empleo para que continuara con su labor de investigación para el enriquecimiento del Museo Juarista que había fundado y atendía personalmente.
En pláticas con él se mencionaba el nombre de don Juan de la Cruz Borrego y en coincidencia con el tema programático que cito en el párrafo anterior, él me puso en contacto con los familiares del en ese entonces ignorado personaje matamorense que todavía estaban con vida y radicaban en Congregación Hidalgo.
Ni tardo ni perezoso, con un cuestionario a propósito me entrevisté con esos familiares y recabé los datos que pude y conservo todavía, y en una libreta, borrando y batallando, fui armando lo que sería y es la primera biografía de don Juan de la Cruz Borrego.
Documento histórico que escribí después en una máquina prestada porque yo ni a máquina de escribir llegaba y acompañada de una fotografía, el 15 de marzo de 1967 lo remití a la Dirección Federal de Educación, cuyo titular profesor Jesús Niño Castillo, pasó los datos a los reporteros de los tres periódicos de la ciudad.
Y publicaron una nota informativa el día 17 de marzo, en la que con declaraciones del funcionario educativo afirmaron que la biografía era de mi autoría, que la había escrito recabando datos en la propia comunidad y que pasaría a formar parte del expediente oficial de la escuela de Congregación Hidalgo.
Ya entusiasmado con las notas informativas, llevé la biografía a los dos principales periódicos de la ciudad y para mi sorpresa, para  mi muy agradable sorpresa, el 21 de marzo de 1967 apareció publicada en ambos diarios:
La Opinión la publicó en su página editorial y El Siglo de Torreón en páginas interiores de la primera sección. Acudí a la Dirección de La Opinión a agradecer la deferencia de haberme publicado en la página editorial que para mí era una distinción ni siquiera soñada.
El señor don Edmundo Guerrero Álvarez, director de La Opinión me atendió y me dijo: Oiga, profesor, ¿y ya no hay nada sobre este hecho histórico ahí? Sí, le contesté. Falta por publicarse el tormento que sufrió Marino Ortiz de parte de los franceses que querían saber el sitio en que estaban ocultos los archivos de la Nación. Y no se los reveló: murió con el secreto.
Tráigase todo lo que haya, me dijo y ahí se inició mi labor como articulista en la página editorial de La Opinión, gracias a don Edmundo Guerrero Álvarez, quien me distinguió con el inmerecido honor de publicarme todo y no corregirme nada.
Y ya de refilón y para no quedar a deber el dato que consigno en el sumario de este artículo, es mi deseo anotar que he publicado 122, 835 trabajos, incluidos columnas, artículos, reportajes, reportajes especiales, notas informativas, fotografías,  etcétera, en diversos periódicos serios de la república y cartas en las revistas ¡Siempre! en sus buenos tiempos y actualmente, de vez en cuando en la prestigiada Proceso.
Además, ciento diez ediciones y publicaciones de periódicos estudiantiles y populares de a mil ejemplares cada una en diversas escuelas y lugares de la república.
Gracias a quienes comulguen con esta trayectoria y a los que no, pues también gracias. Y por lo pronto, como auto-obsequio por este hecho que es y ha sido la pasión de mi vida: De EVN para EVN, ¡¡felicidades por este cuadragésimo séptimo aniversario de escribir textos en periódicos y revistas!!
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http://www2.sincensura.com.mx/2014/03/15/evn-47-anos-de-escribir-en-periodicos-y-revistas-485/?cbg_tz=360