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Perú: Nuestra peor parte

(Por José Diez)

Recibido por una gentileza del autor. 21 de octubre.- Un cuadro patológico severo sigue repercutiendo en la sociedad política peruana desde la década de los 80, con las administraciones gubernamentales.
Los golpes traumáticos de la violencia entre el estado capitalista y el apabullante y feroz narco izquierdismo, ha dejado a muchos países en estado deplorable.
El tiempo es el mejor amigo de la historia, y la historia de nuestro país sufrió la endogamia de la mafia conservadora de los partidos y la mordaza secular en un siniestro fin que sirvieron al espectro dominante y mezquino del capitalismo criminal en todos sus aspectos.
En política, economía, religión, industria, violencia interna, la educación la democracia satanizada en el congreso, alcaldías e instituciones del estado y poder judicial.
La inestabilidad social creada en los países donde se aferraron los rostros mesiánicos de la salvación mundial y el alienante circo de influencias neuróticas que provenían del occidente moderno y depravado, absoluto y represivo, saturaron nuestra convivencia, que ya era pacífica por antonomasia.
Las dos caras arrogantes, opuestas ideológicamente, escupieron sobre el rostro de nuestra Patria con fatales designios: la maldad, ante un pueblo mal gobernado, débil y sumiso, hermético y confuso; la avasallaron los administradores chovinistas que se arroparon con falsedad y vileza bajo la máscara burguesa de la corrupción en grado de tragedia.
La Política es el arma predilecta de las organizaciones capitalistas, las que se encargan de demolernos ampliamente para alimentarse de nuestros productos.
Su perro doméstico en exclusiva es la religión en el frente de batalla, la que con certeza y credebilidad idiotiza a las almas sin reposo para infringirles el tormento.
Ese tormento fatal que es la desunión y la incapacidad.
En los nuevos tiempos, la mentalidad pasada por emigración rayos X, coteja de qué escala social y cultural es su procedencia y luego los acepta a sus alienantes sentimientos colonizadores.
Miles de ellos desempeñarán el trabajo de servidumbre limpiando oficinas, hospitales, estaciones de tren, aeropuertos, calles, orfanatos, piscinas, supermercados, escuelas, casas de ancianos, alguna aparante institución bancaria, en restaurantes, tiendas de ropa, comestibles, etc,etc.
Entonces la mentalidad toma cuerpo y se transforma en un acto de sabotaje contra la propia identidad y sus particularidades.
En el mundillo que se aloje mantendrá una distancia considerable del resto de paisanos.
Creará su anticuerpo porque ya formó parte de una sociedad que nunca entenderá sus relaciones, si no, que las aceptará por contrapartida.
Para él libertad, democracia y decadencia es una fusión característica a su lánguida visión existencial. La contradicción humana no es compleja es sintomática.
Si la iglesia explica que determinadas cosas son prohibidas a las condiciones sociales, el sujeto reaccionará y condenará en que la iglesia no es evolución, es arcaica y conservadora.
Y como dios permanece en cesantía, en estado neurovegetativo o en simple caricatura de expresión, cada uno se explicará y sentenciará la oscuridad donde debe permanecer bajo la influencia de un sistema colonial, considerándola con muy poca seguridad la mejor sociedad del mundo.<>

 

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